Provida

Argumentos claros contra la pena de muerte

Hace tiempo quiero escribir algo sencillo y claro que explique porque está mal la pena de muerte y hoy lo leí en un artículo que les comparto. Contextualizo brevemente para quien no sea peruano: se acercan las elecciones y como siempre cada vez que hay campaña a algún político le da por hablar de la pena de muerte para los casos más graves de delincuencia. Esta vez quien ha hablado primero fue Alan García, ex-presidente del partido aprista y quien le responde es otro miembro del mismo partido. Dejando la política aparte, porque ese no es el asunto en cuestión, la breve columna del constitucionalista Javier Valle-Riestra me parece muy clarificadora y por eso la comparto. 

pena de muerte argumentos a favor y en contra

Discrepo con Alan – Por: Javier Valle-Riestra
Soy aprista desde que tenía siete años de edad. He tenido desviaciones radicaloides pero mi lealtad a los principios del Apra y a Haya, han permanecido incólumes.

Empero, quiero manifestar mi discrepancia con las frases de Alan sobre que hay que restaurar la pena de muerte para los sicarios, es decir, para los asesinos asalariados. Todo esto a raíz del nefasto y cruento asesinato del hijo de un burgomaestre limeño. Aparentemente suena bien liquidar a los mercenarios que matan por la paga.

Pero, el tema no está en que el cargo sea monstruoso, sino, en las consecuencias de restaurar la pena. La probanza judicial de un hecho irreparable tiene un valor relativo. El riesgo del yerro judicial mata la pena de muerte. El fin de una pena es intimidar a los delincuentes potenciales. Pero, hay que recordar que los criminales natos no se sienten afectados cuando alguien termina en el paredón, en la horca o en la silla eléctrica.

Hay muchos argumentos a favor de la penalidad comentada: 1) eliminar a los malos elementos de la sociedad; 2) aterrorizar a todo individuo dispuesto a un crimen. Pero, hay más argumentos sólidos en contra: 1) la posibilidad del error en los jueces; 2) que los jueces se dejen llevar por la opinión pública, la que normalmente es partidaria de este tipo de sanción; 3) que el Estado no tiene derecho a privar de la vida, que ese ente no ha concedido; 4) la violencia política que puede utilizar esta pena como venganza.

Las personas disciplinadas se preguntarán, entonces, ¿qué hacer para restaurar el orden en la sociedad? Sin embargo, no es matando que encontraremos la solución. Es educando. Hay estadísticas que demuestran tesis contrarias. Países que introdujeron la práctica morticola no menguaron el número de casos para lo que se creó. En cambio otros que suprimieron la pena de muerte, se encontraron con que la tasa de asesinatos disminuyó.

Por eso, la próxima Constitución del Perú debe abolir radicalmente la pena de muerte y establecer un régimen severo para revisar penas ya que la judicatura local es propensa a perpetrar crímenes judiciales. Increíblemente, hasta hoy se discute si quien mató a un niño hace cincuenta años en la cuesta de Armendáriz era el culpable del hecho. Se concluyó mucho después que fue un atropello automovilístico. Pero, ya es tarde. Mataron a un inocente.

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